miércoles, 19 de septiembre de 2012

El futuro incierto del planeta y la Cumbre de Rio+20

No todos los seres humanos pueden considerarse destructores del planeta en que subsisten, porque dentro de este grupo de seres humanos, existen unos pocos quienes son los principales actores culpables de la degradación del hábitat natural: las élites economicistas que se refugian en países que autodenominan desarrollados. 
Estas mismas elites poseen instrumentos económicos que sustentan el poder del modelo capitalista a nivel mundial: las grandes empresas e industrias de capital transnacional, capaces de producir riquezas superiores al Producto Interno Bruto (PIB) de cualquier país pobre de Asia, África o América Latina. 
Es por causa de este modelo económico de producción conocido como capitalismo, el cual se desarrolló a finales del Siglo XVIII, que hoy en día, la protección y sostenimiento del medio ambiente se ha vuelto un tema de “negociación” en reuniones suntuosas que denominan Cumbre de la Tierra (1992) y Cumbre de Río+20 celebrada en Brasil del 20 al 22 de junio del 2012. Mientras tanto, la temperatura global del planeta sigue aumentando como resultado de la combustión de hidrocarburos, consumo de energía eléctrica, emisión de aerosoles, y principalmente por el humo contaminante que emiten las grandes industrias del mundo, los cuales forman una densa capa de dióxido de carbono en la atmósfera y no permite que el calor provocado por los rayos del sol, salga de la tierra, convirtiendo al globo terrestre en un inmenso invernadero que guarda el calor. 
De continuar con este nivel de calentamiento en el próximo medio siglo, se verán afectadas principalmente las regiones de África, Asia y América Latina. Pero el aumento de la temperatura no es el único problema que amenaza la existencia de la humanidad en la tierra, pues existen otros temas como la degradación ambiental que es causada por el irracional manejo de los recursos naturales, deforestación, destrucción y contaminación de los ecosistemas por el avance industrial, contaminación y reducción del agua potable, base para el sostenimiento de la vida. 
Todo esto sumado a la incapacidad de los países industrialmente avanzados por equilibrar el patrón de consumo y producción, que al mismo tiempo es causa del sistema económico desordenado, globalizante y explotador de los recursos naturales. Sin embargo, el problema de la degradación ambiental no hasido prioridad para muchos Estados, ni mucho menos para la mayoría de los propietarios de industrias transnacionales que extraen los recursos vitales del planeta. Los recursos naturales que posee la humanidad para subsistir en los próximos milenios son escasos, ya lo mencionó el mandatario de Cuba, Raúl Castro, en su discurso en la Cumbre de Río de Janeiro, “las especies se extinguen a una velocidad cien veces más rápida que las indicadas en los registros fósiles; más de cinco millones de hectáreas de bosques se pierden cada año y cerca del 60 por ciento de los ecosistemas están degradados; y las emisiones de dióxido de carbono se han incrementado un 38% desde el año 1990 hasta el 2009”. Sobre estos fenómenos que amenazan la vida de los más de 7.000 millones de habitantes del planeta, 190 Estados miembros de la Organización de Naciones Unidas (ONU) intentaron llegar a un acuerdo en la Cumbre de Río+20, la cual es una continuación de la Cumbre de la Tierra del año 1992. Los resultados fueron extensas negociaciones entre los expertos, como si el denominado “futuro que todos queremos” se tratara de un negocio. Por ello, la sociedad civil, incluidos las razas originarias de América, reunidas en el Foro de los Pueblos (paralelo a la Cumbre Río+20), manifestaron su descontento frente a los “acuerdos consensados” en Río de Janeiro, Brasil, argumentando que el documento final no tiene claros los objetivos, ni las formas de acciones de financiación a los programas para lograr el desarrollo sostenible. “Lo que necesitamos es un manual para salvar el mundo, no páginas sin contenido”, denunció el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF según siglas en ingles). ¿Es entonces esta Cumbre sobre el medio ambiente y el desarrollo sostenible, un éxito o un fracaso por encontrar una solución a la protección del planeta? 
La respuesta está reflejada en la realidad. La negociación final no cuenta con el fondo de 30.000 millones de dólares reclamado por los países en desarrollo para adaptarse a la nueva economía y la creación de una suprema Agencia mundial del medio ambiente bajo la égida de la ONU, solicitada por Europa y opuesta por Brasil y Estados Unidos. De ser así, el documento final puede ser una magnífica redacción literaria, pero esta poco concreto en cuanto a acciones eficientes para salvar al planeta, promover el desarrollo humano sostenible y no convertir a la naturaleza en una mercadería más del sistema capitalista mercantil que depreda el hábitat donde todos vivimos. El futuro del planeta no debería ser un negocio por una cuantía de capitales a ganar o perder. Pues los más afectados de estas decisiones serán los pueblos del mundo, quienes debemos tomar más protagonismo en estos temas de interés mundial y defender el derecho a la reivindicación social. Nuestros pueblos indígenas ya están defendiendo a la Pachamama (Madre Tierra). Así lo expresó el líder indígena huaorani Moi Enomenga: “vamos a seguir trabajando para fortalecer nuestras culturas y resistir la explotación de nuestros territorios, tenemos un mensaje muy claro. Dejen todo bajo la tierra” (Diario Co Latino, suplemento Ecológico, jueves 14 de julio de 2012). La sociedad civil a nivel nacional e internacional debe organizarse para defender el futuro que todos merecemos, es un trabajo que involucrará a muchos actores, y los gobiernos deben responder con prioridad al pueblo, no a las grandes compañías transnacionales que explotan los recursos de la tierra. El Salvador no es la excepción a este problema, el río Lempa es un recurso acuífero a proteger, debe de evitarse la minería metálica y la deforestación, disminuir los niveles de dióxido de carbono que se emiten cada año y crear políticas públicas eficientes que coadyuven a la protección y rescate del medio ambiente, así como a la prevención por desastres naturales. El planeta tierra no pertenece a nadie, pero debemos cuidarlo como nuestro, porque se nos ha permitido vivir en éste por unos cuantos años, aunque no todos pueden oír la voz que llega de la Madre Tierra. Los pueblos originarios de América nos invitan a un futuro más brillante, basado en los valores y principios indígenas del “buen vivir”, opuesto a la idea sistémica consumista de “vivir mejor”. Miembro de la Asamblea General Universitaria, AGU

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